Opening:
Capítulo 1
Aquel mismo día, en cuanto preparé una comida para mi hermanita y para mí, me puse a hacer los deberes y a estudiar en mi cuarto.
Adoraba mi habitación. Era muy grande y tenía un balcón entrante en mi cuarto y otras dos ventanas, ya que mi cuarto hacía esquina.
Mi cama valía fácilmente para un matrimonio y tenía casi la mitad de la pared en la que estaba la puerta ocupada por una gran estantería en la que había de todo: colecciones enteras de mangas, libros de ocio y de estudio, algunas figuritas de merchandising, varios peluches, una tele de pantalla plana pequeñita (como una pantalla de ordenador plana) y varias cosas más como puzzles, decoración...
Al lado había un pequeño tocador (no me gustaba acicalarme, se emperró mi madre adoptiva, aunque lo usaba)
El balcón estaba con un lateral pegando al cuarto de al lado, por lo que había un hermoso hueco en el otro lateral, donde había un armario empotrado bastante grande y mi escritorio.
En ese momento me encontraba con el trasero pegado justo al borde de la silla, con un pantalón cortito de algodón azul y una camisa simple de tirantes con un cuello de pico celeste. Tenía el pelo recogido en una coleta y los pies, con unos calcetines hasta la rótula de adornos blancos y azules, estaban apoyados en el borde del escritorio. Mi cuello y la parte alta de mi espalda reposaban en el respaldo.
Tenía los cuadernos con los trabajos hechos en el hueco que no estaba ocupado por el ordenador, con varios libros y algunos materiales.
Oí a alguien llamar a la puerta y los pasos de mi hermanita para ir a abrir. Supuse que sería mi hermano. Sus llaves se habían quedado en casa.
Pero no era.
Era una voz masculina, sin duda atractiva. No pude oír lo que dijeron. Sería algún amigote de mi hermano.
Me sorprendí cuando de golpe mi hermana abrió la puerta de mi cuarto, y la silla, que se apoyaba sobre las patas traseras nada más, se cayó conmigo. Me levanté como en un acto reflejo y recogí todo.
- Auch... ¿qué ocurre?
- Preguntan por tí.
Suspiré mientras me ponía unas zapatillas de andar por casa.
- Ya voy - dije soltándome el pelo, de un castaño clarito dorado, para hacerme una coleta.
Antes de salir me topé con mi reflejo en el espejo de las puertas del armario. En verdad, no se podía decir que fuera fea o tuviera mal tipo.
Muchos decían que tenía tipo de modelo, pero sin ser anoréxica, aunque yo no le daba importancia. Mi pelo, del color ya mencionado, me llegaba casi hasta la cintura, levemente ondulado. Mis ojos eran también castaños, pero algo oscuros, y mi piel era de un color normal tirando a blanquita. También era altita: 1,68
Bajé tras mi hermana las escaleras hasta llegar a la puerta de entrada.
Me quedé medio flipando. Era un chico muy extraño, probablemente tenía algo que ver con todo el asunto de las Llaves (No, no las de casa).
Tenía la cara oculta por una especie de capa, pero pude ver sus rasgos y el color de su pelo perfectamente.
Su pelo era color azul botella, parecido a sus ojos. Era un chico, en efecto, atractivo, a pesar de su rareza.
Podía adivinar que era ancho de hombros, y se le notaba fuerte, pero en la justa medida. Más bien era del tipo desgarbado, y fácilmente me sacaba más de media cabeza.
- Tú eres... - parpadeé.
- Me llamo Jacky - dijo con una sonrisa serena.
- Uhm... mi nombre es...
- Ana - no me dejó terminar. Sonrió al ver mi desconcierto -. Siento interrumpirte pero ando algo justo de tiempo.
- Oh, vaya... ¿qué necesitas?
Miró a mi hermanita.
- Necesito hablar contigo en privado - me dijo mirándome de reojo.
Entendí y me acerqué a mi hermana.
- ¿Puedes irte un momentito? Luego jugaré contigo.
Ella asintió y salió del cuarto. Supuse que estaría a la escucha, pero para mi sorpresa, la voz de Jacky sonó en mi mente.
- "Dentro de tres días todo cambiará. No te dejes llevar por el pánico o por la desesperanza. Lucha por salir a flote."
Muchas cosas pasaron por mi mente "Mentira", "Broma", "Está chalado", "¿Qué ocurrirá?", "¡Oh no!"...
- "No es nada de eso " - su voz volvió a sonar en mi cabeza, al tiempo que esbozaba una sonrisa triste y serena -. "En tres días lo averiguarás".
Lo miré con los ojos desorbitados.
- Me tengo que ir - dijo hablando con las cuerdas vocales -. Ha sido un gran gran placer.
Eso me hizo malpensar. Oh no, mierda, es que eso ya no se suele decir.
Cuando ya se iba, me pareció oír una risita y un "Malpensada".
Estuve a punto de ponerme borde, y de hecho me acerqué al jardín a decirle algo a mala leche, pero se había esfumado...
...
Aquella noche me puse el pijama, una camiseta de tirantes corta con adornos rojos y blancos con un dibujo de Betty Boop y un pantalón tan corto como un culotte rojo a juego, mientras pensaba en lo que Jacky había dicho esa noche.
Miré por la ventana cuando noté un repiqueteo. Un suave simirí caía sin pausa.
El cielo estaba completamente gris, con unas nubes hermosas y melancólicas. La lluvia siempre me había gustado, al contrario que a la mayor parte de la gente.
Salí a la amplia terraza de mi cuarto y saqué la mano para que me cayeran unas pocas gotas. Me pareció ver algo, como una forma encapuchada encima de uno de los tejados del resto de las casas, pero enseguida descarté la idea.
Es sólo que estaba demasiado alerta para prevenir el "desastre" que se supone que iba a ocurrir.
Dejé la ventana más cercana a mi cama abierta y me recosté sobre el suave almohadón de plumas, con la sábana y la fina colcha tapándome, más por sensacón de protección que por frío.
A la mañana siguiente desperté a las 10 y media. No había nadie en casa.
Me paseé por la casa hasta la cocina, desayuné, hice mi cama y me puse algo de vestir, una ropa parecida a la del día anterior. No tenía instituto, era sábado.
Me puse a ver la tele hasta que alguien llamó a la puerta. Abrí y ahí estaba mi amiga Sheyla, con su pelo rubio de flequillo liso recogido en su oreja derecha y el resto del pelo con ricitos, y sus vivarachos ojos castaños.
Era una chica muy linda, de piel visiblemente más bronceada que yo, y cuerpo normalito, aunque al ser esbelta hacía el cuerpo más bonito.
Llevaba una especie de polo sin mangas a rayas rojas y blancas y un pantalón de una tela parecida a la vaquera color beis. Se adivinaba la parte de arriba del bañador atada a su cuello. Un bolsito blanco con silueta de flores tropicales rojas colgaba de su mano.
La dejé entrar en casa y ella fue hasta mi cuarto parloteando y excitada.
La tarde anterior habíamos quedado en que se quedaría por la mañana para comer e inmediatamente después nos iríamos a la playa.
Estuvimos toda la mañana hablando y jugando a juegos. Comimos antes que mi familia y nos fuimos.
Cambié mi liviana ropa de algodón por una mini falda vaquera suelta y una camisa blanca abotonada, con el biquini azul celeste atado al cuello debajo. Cogí una bolsa simple que parecía de tela vaquera y metí la protección solar, la toalla y lo que se suele llevar a la playa.
Una vez llegamos a la playa observé que allí estaban casi todos los de mi clase y muchos otros de otras clases, en su mayoría. Apenas se divisaban adultos.
- Sheyla, ¿tú sabías esto? - pregunté con una calma rara a Sheyla.
- Sí, por eso te he traído - respondió mientras, vivaracha, tendía una toalla en el suelo, clavaba la sombrilla y se desvestía.
Con los brazos cruzados y la bolsa en el suelo, la miré sin saber qué decir.
- Sheyla, ya sabes que odio a esos palurdos - dije arrodillándome y desabotonándome la camisa.
- Da igual mujer - orientó la sombrilla de modo que la sombra protegiese mi frágil y pálida piel del sol y ella se preparaba para ponerse morena -. Estás conmigo, eso compensa todo - acabó calándose unas gafas de sol.
Fruncí el ceño.
- Supongo que tienes razón - dije bajándome la falda mientras, al lado, un grupito de flipados babeaban -. Oye, voy a darme un bañito.
Me eché la crema y me dirigí al agua. Me metí hasta la mitad del muslo cuando noté que una mano suave pero fuerte me daba unas palmaditas.
Me giré y me encontré con Jacky.
- Qué casualidad - dijo haciéndose el longis.
No le creí.
- ¿Jacky?
Asintió.
- Uhm... será mejor que vaya con mi amiga... hasta otra - dije escabulléndome.
Él se quedó mirando al sol, metido hasta las rodillas donde para mí llegaba a medio muslo. Le miré de lejos y me quedé algo sorprendida. Tenía un pecho y unos brazos musculosos, pero aun así era esbelto.
Oí una risita y me fijé en unas niñitas, de esas de unos 15 años, que cuchicheaban completamente rojas mientras le miraban.
Lo que hay que ver.
Cuando llegué a mi toalla, Sheyla miraba por encima de las gafas de sol a Jacky, flipada. Luego me miró a mí y compuso una sonrisilla traviesa.
- Ju ju ju - se rió.
- Anda cierra la boca - giré la cabeza mirando a otro lado.
- "Príncipe azul", tiene bañador, ojos y pelo azul, y le conoces, además está bueno.
- ¿Qué insinúas? - dije roja a más no poder, sabiendo que podía escucharlo.
En efecto, mientras salía del mar le ví apartar la mirada de nosotras y componer una sonrisilla de sorna.
- Jo Sheyla, ¿no puedes pensar en otra cosa?
- No - sonrió de nuevo.
Nuestra tarde se vió interrumpida por extraños nubarrones. Rayos extraños salían de una parte de la nube, sorteando a la misma y entrando en otro lado. Algún rayo se escapaba y caía en los pararrayos.
La oscuridad de la nube me inquietó. Era demasiado negra y rara.
Aquella noche la lluvia fue tan horrible y hacía tanto frío que los cristales de las ventanas desprendían humedad a raudales. Sheyla se quedó a dormir, y estuvimos hasta tarde, aún acostadas (ambas dormíamos en mi cama, que era enorme) hablando de diferentes cosas.
Habíamos dejado de hablar por un ataque repentino de mala uva de la lluvia, que se había vuelto insoportable, pero del cansancio estaba a punto de dormirme.
De pronto Sheyla me habló.
Y noté un temor y una inquietud extrañísima en su voz.
- Ana, me alegro de haberte conocido. Has sido mi mejor amiga desde siempre - comenzó.
- Uhm... lo sé... ¿qué ocurre?
- No sé... siento una opresión... que me dice que algo malo va a suceder.
Me desperté de golpe.
- Demonios Sheyla - dije sobresaltada - ¿qué te hace pensar eso?
- No sé - dijo con un hilito de voz - pero por favor, si es porque nos peleamos...
Pero paró de pronto al ver mi expresión mirando el techo.
- No es eso - mi voz fue lo único que se oyó, a pesar de tener un tono muy bajo.
Estuve casi toda la noche despierta, pensando, como en trance. Pero oí la ausada respiración de mi amiga, que indicaba que dormía, ajena a lo que yo sabía y a lo que iba a suceder.
A la mañana siguiente desayunamos mi familia adoptiva (mis padres, mi hermano mayor y mi hermana pequeña) y Sheyla juntos, y más tarde se fue.
Ese día no ocurrió nada especialmente raro. Acabé algunos deberes, jugué con mi hermana y por la tarde salí a comprar material para el instituto.
Durante todo el día se repitió un extraño simirí, como el de la primera noche, pero sin pausa, monótono.
Los rayos no paraban de caer ocasionalmente, pero nunca cambió de sitio la tormenta.
Todo era extraño.
Tal vez...
¿Jacky tenía razón?
Ya no sabía qué pensar.
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¿Quién será Jacky, el misterioso joven peliazul?
¿Qué intenciones traerá?
¿Por qué estará ocasionada esa rara lluvia?
¿Ocurrirá la catástrofe predicha?
CONTINUARÁ
Ending:
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